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Las máscaras que ocultan y las máscaras que revelan

Monica Berg
Marzo 14, 2022
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Si hubiésemos visto al brillante profesor Stephen Hawking en los últimos años de su vida, solo se habría visto a un hombre pequeño y encogido en un estado de absoluta debilidad. Sin embargo, gracias a la tecnología que podía convertir la tensión de un músculo de la mejilla o el parpadeo de un ojo en lenguaje, Hawking siguió dando conferencias, investigando, escribiendo y “hablando” como una de las mentes más grandes de la física y la cosmología; justo hasta el momento en que perdió su batalla contra la ELA. Para él, el cuerpo débil e impedido no era más que una máscara. Ocultaba un genio lo suficientemente inmenso como para abarcar el universo y unas ideas que se estudiarán durante generaciones.

Ahora que se acerca la festividad de Purim (también conocida como “la fiesta de las máscaras”), he estado pensando en las “máscaras” metafóricas que todos llevamos. ¿Nuestras máscaras ocultan nuestro verdadero ser? ¿O también pueden ayudar a revelarnos?

La respuesta es y .

Para muchos de nosotros, la máscara más persistente con la que luchamos es la del Ego. Tomemos, por ejemplo, la antigua frase de “más vale ser envidiado que compadecido”. El concepto ha existido de toda la vida. Claro que los tiempos han cambiado, pero la idea sigue siendo: “Mi reino es mejor (más grande, más abundante o más hermoso o avanzado) que el tuyo”. Las máscaras tienen muchas formas; y una carrera, una familia o incluso una casa pueden convertirse en una máscara tras la que nos escondemos. Hola, Ego. No es que esas cosas bonitas o los logros bien ganados sean malos o estén equivocados... siempre y cuando recordemos que ni tenerlos ni carecer de ellos da la medida completa de quiénes y qué somos.

Recuerdo que durante una reunión familiar hace unos años, uno de nuestros amigos le preguntó a Josh (nuestro hijo menor que nació con síndrome de Down) si tenía un “mensaje” que expresar. Al igual que nosotros, este amigo sabe que el corazón y el espíritu puros y sin complicaciones de Josh le permiten ver y sentir más allá de todas las máscaras; uno de los muchos y hermosos atributos de Josh.

Josh miró a este amigo y simplemente le dijo: “Tienes que hacerte más pequeño para que la gente pueda abrazarte”.

Si bien es cierto que este amigo resulta ser alto, Josh no estaba hablando a su estatura física. Le estaba hablando a su Ego. (Este amigo tiene un Ego saludable, junto con un corazón de oro). ¡Todos necesitamos que nos recuerden esta sabiduría a veces! Como dice el Zóhar: “El que es pequeño es grande”. Esto no significa que tengamos que encogernos literalmente (¡aunque algunas películas han hecho esa posibilidad bastante entretenida!). Significa que debemos trascender nuestro Ego, ser humildes, amables y recordar nuestra humanidad… o, en este caso, nuestra “abrazabilidad”.

¿Cómo sabemos que es nuestra alma la que nos llama a hacer algo y no nuestro Ego? La Kabbalah enseña que si es el deseo de nuestra alma, incluye algún aspecto de querer el bien para otras personas. Si algo solo es bueno para “mí”, entonces el deseo de hacerlo viene del Ego.

También llevamos muchas otras máscaras. Respondemos: “Estoy bien”, cuando estamos enojados. Nos quedamos callados en lugar de decir nuestra verdad. Escondemos nuestras emociones detrás del humor o la indiferencia. A veces usamos las redes sociales como una máscara pública, y confeccionamos nuestra vida para mostrar todo lo que brilla y nada de lo que se ensucia. Incluso nuestras expresiones faciales son una especie de máscara, nos demos cuenta o no.

Según Jonathan Freeman, profesor asociado de psicología de la Universidad de Columbia y director del Laboratorio de Ciencias Cognitivas y Neurales, “las personas forman impresiones de personalidad a partir de la apariencia facial de los demás en tan solo unos cientos de milisegundos”. Aunque los estudios demuestran que esas primeras impresiones son bastante consistentes entre los observadores, a menudo son inexactas. En otras palabras, las “máscaras” que llevamos cada día no cuentan toda la historia de lo que somos, a pesar de la tendencia de la sociedad a pensar lo contrario. ¡Por eso nos corresponde a nosotros hacer la revelación!

Algunas máscaras pueden ayudar a conectarnos con nuestra Luz y revelarla. Por ejemplo, esa casa costosa y amplia puede convertirse en un lugar de encuentro lleno de amor y risas, que traiga alegría a todos los que entran en ella. La foto familiar que compartimos en las redes sociales puede ayudarnos a estar conectados con amigos queridos a los que no podemos ver en persona.

Y así encontramos otra dualidad en este mes de los peces dobles (Piscis). Nos escondemos, nos revelamos. Buscamos protección, buscamos conexión. Si reconocemos las máscaras que llevamos (a sabiendas o no) y elegimos nuestras máscaras sabiamente, nos mostramos auténticamente como individuos y en nuestras relaciones. Esa autenticidad es la base de la sinceridad y la profundidad que anhelamos en nuestras conexiones con otras personas.

Con el tiempo, todas nuestras máscaras mundanas caerán y todo se revelará. Pero hasta entonces, podemos beneficiarnos de notar las máscaras que llevamos nosotros y los demás. Podemos decidir cuáles sirven a nuestro propósito más elevado y cuáles nos impiden brillar al máximo para el mundo.

Puede que nunca seamos capaces de revelarnos completamente mientras estemos en esta forma humana. No obstante, con cada máscara que nos quitamos (o elegimos) conscientemente, damos un paso más hacia el espejo donde, si tenemos mucha suerte, nos encontraremos finalmente con nosotros mismos en nuestra totalidad.


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